-Decían que esta noche se verían estrellas fugaces con facilidad -dijo él sin dejar de mirar hacia el cielo.
-¿Y piensas pedir algún deseo? -contestó ella.
-No lo sé. ¿Debería hacerlo?
-Bueno... Si crees en ellos, supongo que sí.
Entonces él la agarró por la cintura y la apartó de la barandilla del balcón, colocándose en medio. Ella le dedicó una de sus sonrisas.
-Ya tengo lo que quiero. No hay más que desear.
Posó la mano que aún tenía libre sobre su mejilla y se acercó a ella para besarla, atrayendo su cara con una mano y su cuerpo con la otra, abrazándola.
-Te quiero -susurró ella al separar sus labios de los de él.
-¿Y pedirás algún deseo? -le respondió acariciando su mejilla.
-¡Una estrella fugaz! -dijo ella sobresaltada señalando hacia el cielo, tras él.
Sonrió y se giró para verla pasar y, cuando se volvió, ella tenía los ojos cerrados. Los abrió y le miró.
-¿Qué has pedido? -preguntó él.
-¡No te lo diré! Eso trae mala suerte y no se cumple. ¡Hasta podría pasar lo contrario!
-Bueno, bueno... ¿Y crees que se cumplirá?
-Eso depende de lo que quiero.
-No te entiendo. ¿Qué es lo que quieres? -le dijo confuso.
-A ti -contestó ella, sonriéndole.
-¿Y no puedo saber lo que has pedido?
-Puede que lo sepas algún día, pero yo no te lo diré. Incluso puede que ya lo sepas y no te hayas dado cuenta de que lo sabes.
-Me estás liando, eso es lo que sé. -dijo él riéndose.
-Son sólo palabras. Además, de momento se está cumpliendo mi deseo.
-¿De verdad?
Se abrazó a él sonriendo, pensando que aquello la hacía feliz y que su deseo se podía cumplir. Él le dio un beso en la frente, le acarició el pelo y no hizo más preguntas al respecto; simplemente se limitó a estar con ella. Cumplía su deseo sin saberlo.
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