martes, 10 de febrero de 2015

Las personas somos complicadas, por lo que las relaciones son aún más difíciles y más aún en los momentos en que parece que uno de los dos (o los dos) tenga la menstruación mental.
Discusiones absurdas que provocan afirmaciones estúpidas o comentarios hirientes de los que, en la mayoría de ocasiones, luego cualquiera se arrepiente al darse cuenta de que estaban totalmente fuera de lugar. Idioteces que hacen recordar todo lo malo, por mucho o poco que sea, que la relación haya tenido y todos los defectos que el otro tiene, hasta el último punto negro.
Entonces, en ese momento de debilidad emocional (sí, debilidad y no rabia), pueden aparecer pensamientos más que exagerados. Desde un convencido "No tiene sentido seguir con esto" hasta el más extremista "No sé qué hago con esta persona", como si el problema que un mal día ha creado viniese desde el primer momento. Y no es así.
Y mientras te debates entre escuchar las idioteces que tu cabeza no quiere pensar e ignorar el dolor que no quieres sentir, explotas. Tus sentimientos cobran importancia, el dolor va desapareciendo y se enfría todo. Ese instante en el que piensas con claridad sientes como si todo lo que tuvieras alrededor te diera señales sobre qué hacer y qué no mientras dudas de si debes hablarle o esperar a que te hable. Y entonces vuelves a pensar, esta vez en lo bueno y en lo que perderías si lo dejases escapar y te preguntas si realmente quieres convertirlo todo en un recuerdo.
Y entonces, en alguna parte, ves un "solo vuelve lo que realmente vale la pena; lo que no tiene que estar a tu lado se aleja". Y en ese momento te habla. Y te echas a llorar como si no hubiera mañana, como si esa maldita casualidad fuera una señal del destino en el que empiezas a creer en ese instante, repitiéndote una y otra vez a ti misma lo idiota que eres y has podido ser.
¿Pues sabes qué? Yo soy la reina de las idiotas.

martes, 31 de diciembre de 2013

Por tu culpa he perdido la capacidad de expresar romanticismo. Al no ser tú capaz de expresar tus sentimientos, ahora yo no soy capaz de expresarte abiertamente los míos. Siempre hay en mi cabeza un cúmulo de frases, de expresiones, de cosas que te diría y nunca las saco de ahí, pero ahora mismo necesito hacerlo. 

Tengo ganas de volver a verte, de abrazarte, y deseo más que nunca volver a besarte. Valoro cada segundo que he pasado junto a ti y lo seguiré haciendo hasta el fin de mis días. Eres la persona más importante en mi vida, a quien más quiero y quien me demuestra día a día, de una u otra forma, que tengo a alguien por y para quien luchar, además de mí misma. 
¿Sabes qué? Muchas veces intento imaginar cómo será seguir adelante y conseguir una vida juntos, pero ya no soy capaz de hacerlo porque la imaginación no me es suficiente. Quiero que sigamos realmente adelante, seguir construyendo contigo paso a paso nuestra relación. No me basta con fantasías, necesito una realidad y me gustaría que tú sintieras lo mismo. Tres años son mucho tiempo, pero no es nada comparado con lo que todavía puede quedarnos por vivir juntos. Tengo tanto que compartir contigo que ni siquiera puedo expresarlo, porque nada de lo que dijera bastaría. Hasta ahora, cada uno de los días que he pasado a tu lado está guardado en mi corazón y él te dibuja cuando no estás, haciéndome recordarte cada momento. Ahora solo siento que quiero estar siempre contigo, contemplando tu sonrisa y sonriendo por ti, viviendo todas las cosas que aún nos quedan por vivir.
Y si se diera el caso en que tuviéramos que decirnos adiós, yo jamás encontraría a quien pudiera compararse contigo, ni tú a alguien que te amase tan sinceramente como lo hago yo, eso lo sabemos los dos. Yo lucho para que quieras seguir a mi lado, aunque sientas que no te demuestro lo suficiente ahora, lo sabes. No quiero perderte por nada del mundo, tenlo siempre presente.
Nuestra relación me ha hecho crecer como persona y madurar más de lo que habría podido imaginar y no la echaré a perder porque eso y tú sois lo que más valoro de mi vida.

Te quiero, mi sol y mis estrellas
Durante toda mi vida he sido la niña rara: todos me han visto como una chiquilla con gustos musicales extraños, para todos sin sentido; siempre he sido alguien que prefiere quedarse en casa en compañía de un buen libro o un cómic antes quemeterme en una discoteca cuya música nunca me ha gustado. Mis gustos siempre han sido míos, auténticos, y jamás los he cambiado a petición de nadie, por mucho que los demás lo hayan intentado, ni he fingido gustos falsos para agradar a nadie. 
¿Acaso eso es malo? ¿Es peor jugar a un juego de ordenador que consumir drogas en medio de la calle? Para mucha gente parece que sí. Mientras los demás niños de mi edad estaban en un parque teniendo su primer contacto con el alcohol o las drogas, yo estaba en mi habitación jugando a la consola que tantas veces mi madre quiso quitarme, leyendo felizmente un cómic que me había costado un mes de ahorros conseguir o uno de esos libros que te regalan cuando tienes 12 años a falta de una idea mejor sobre qué regalarte en Navidad o en tu cumpleaños. 
Nunca me he considerado especial, a diferencia de los que me rodean, quienes me dan a entender por medio de su actitud que yo soy alguien a quien ignorar por no compartir su modo de pensar o sus gustos en determinadas cosas. ¿De verdad merecía eso? Es muy duro pensar que eres la "oveja negra" de tu familia y que, por ello, nadie te respeta ni te valora. Me echaba la culpa a mí misma de ello hasta que me di cuenta que el fallo no era yo, sino los demás. ¿Tengo acaso un problema por admirar a una persona que considero inteligente o de escuchar la música por su significado y no sólo por un ritmo?  No. El problema no son los gustos o pensamientos individuales, sino la carencia de quienes no los respetan, su mente cerrada, que a mí me ha traído más de un quebradero de cabeza. Yo jamás falto al respeto a nadie por muy decepcionante que me parezca su opinión, ¿por qué sí me lo hacen a mí? No me considero más inteligente que nadie, pero la mayoría de la gente, muchas veces, deja mucho que desear. Parece mentira que siga habiendo tal falta de respeto y de estima en cualquier grupo de personas, incluso en familia. Pero con el tiempo he aprendido a ignorarlo, a no hacer más caso del que se merece cada uno cuando me trata de forma irrespetuosa o menosprecia mis gustos u opiniones. 
Tanto derrumbarme me ha hecho fuerte, he sacado las ganas de seguir adelante de una canción siempre que lo he necesitado. La música me ha salvado la vida, mi grupo favorito en concreto; de no haberles escuchado, tal vez ahora seguiría siendo aquella chica de 15 años sin ningún tipo de autoestima y no valoraría lo suficiente a quienes sí me han tenido en cuenta y han estado a mi lado. Siempre estaré en deuda con vosotros.

Por esto y por mucho más... Gracias por convertirme en la persona que soy hoy :)

viernes, 30 de noviembre de 2012

Sé lo que se siente al encontrarse en el borde del precipicio y el remedio no es ponerle fin a todo. No importa lo que pase, siempre vas a poder seguir adelante. 
Tendrás gente que aprecias a tu lado y te ayudarán a iluminar cualquier tiniebla que cubra tus ojos o tu mente, pero no dependas de ellos, pues ayuda no significa salvación. Tu salvación eres tú mismo, nadie más. ¿Por qué? Tu mejor amigo puede ponerte tantas lámparas como guste delante, pero jamás verás la luz que te quiere mostrar si no abres los ojos tú mismo y nunca podrás andar por el camino que otro te marque si no mueves los pies. Cuando caigas ponte en pie, con o sin la mano de otro, porque, si esperas a que otro te levante, podrías seguir esperando el tiempo suficiente como para perderte y, entonces, la recuperación será mucho más costosa que al principio, cuando te negaste a levantarte sin ayuda. 

Si necesitas ayuda, pídela, no te limites a esperarla.

lunes, 4 de junio de 2012

Demasiado...

Demasiado tiempo, demasiados malos momentos, demasiadas experiencias, demasiadas esperanzas, demasiados sueños, demasiado de todo... Y mi corazón llora por todo aquello que se ha roto, por las decepciones insoportables que no entiendo y seguiré sin entender durante mucho tiempo, mientras por mis mejillas corren lágrimas que no puedo evitar dejar caer al comprender que estoy sola ante el mundo, que todos lo estamos y que debemos afrontarlo, con todos los problemas y cargas, muchas veces pesados para algunos y para otros más ligeros de lo que deberían ser, y con todas las injusticias contra las que debemos luchar y que tenemos que superar durante todo el camino. Pero no quiero estar sola... No puedo estarlo ahora.
Muchas veces me siento sumida en un sueño del que creo que despertaré en cualquier momento y veré las caras y oiré las voces de todos a quienes tanto echo de menos cuando lo haga...  Pero no es así. La mayor parte del tiempo todo es una pesadilla en la que no quiero vivir, pero también de la que sé que despertaré en poco tiempo. La soledad no deja de perseguirme, una y otra vez, lucho contra ella y sólo la supero cuando tú estás junto a mí... Pero vuelvo a llorar cuando te vas y, por poco tiempo que no te vaya a ver, las lágrimas vuelven a hacerme compañía en la oscuridad. Y, al final, me duermo con ellas y con todo mi entorno impregnado de ese olor a ti que me haría recordarte incluso aunque no quisiera hacerlo; pero quiero recordar tus abrazos, tus besos, tus caricias y soñar contigo de nuevo, porque eres mi único alivio para este dolor tan insoportable del que nadie más es consciente.

Y mis ojos lo gritan, mi corazón lo suplica, mi boca lo ahoga y tu inocencia te impide darte cuenta... Te necesito.