martes, 31 de diciembre de 2013

Durante toda mi vida he sido la niña rara: todos me han visto como una chiquilla con gustos musicales extraños, para todos sin sentido; siempre he sido alguien que prefiere quedarse en casa en compañía de un buen libro o un cómic antes quemeterme en una discoteca cuya música nunca me ha gustado. Mis gustos siempre han sido míos, auténticos, y jamás los he cambiado a petición de nadie, por mucho que los demás lo hayan intentado, ni he fingido gustos falsos para agradar a nadie. 
¿Acaso eso es malo? ¿Es peor jugar a un juego de ordenador que consumir drogas en medio de la calle? Para mucha gente parece que sí. Mientras los demás niños de mi edad estaban en un parque teniendo su primer contacto con el alcohol o las drogas, yo estaba en mi habitación jugando a la consola que tantas veces mi madre quiso quitarme, leyendo felizmente un cómic que me había costado un mes de ahorros conseguir o uno de esos libros que te regalan cuando tienes 12 años a falta de una idea mejor sobre qué regalarte en Navidad o en tu cumpleaños. 
Nunca me he considerado especial, a diferencia de los que me rodean, quienes me dan a entender por medio de su actitud que yo soy alguien a quien ignorar por no compartir su modo de pensar o sus gustos en determinadas cosas. ¿De verdad merecía eso? Es muy duro pensar que eres la "oveja negra" de tu familia y que, por ello, nadie te respeta ni te valora. Me echaba la culpa a mí misma de ello hasta que me di cuenta que el fallo no era yo, sino los demás. ¿Tengo acaso un problema por admirar a una persona que considero inteligente o de escuchar la música por su significado y no sólo por un ritmo?  No. El problema no son los gustos o pensamientos individuales, sino la carencia de quienes no los respetan, su mente cerrada, que a mí me ha traído más de un quebradero de cabeza. Yo jamás falto al respeto a nadie por muy decepcionante que me parezca su opinión, ¿por qué sí me lo hacen a mí? No me considero más inteligente que nadie, pero la mayoría de la gente, muchas veces, deja mucho que desear. Parece mentira que siga habiendo tal falta de respeto y de estima en cualquier grupo de personas, incluso en familia. Pero con el tiempo he aprendido a ignorarlo, a no hacer más caso del que se merece cada uno cuando me trata de forma irrespetuosa o menosprecia mis gustos u opiniones. 
Tanto derrumbarme me ha hecho fuerte, he sacado las ganas de seguir adelante de una canción siempre que lo he necesitado. La música me ha salvado la vida, mi grupo favorito en concreto; de no haberles escuchado, tal vez ahora seguiría siendo aquella chica de 15 años sin ningún tipo de autoestima y no valoraría lo suficiente a quienes sí me han tenido en cuenta y han estado a mi lado. Siempre estaré en deuda con vosotros.

Por esto y por mucho más... Gracias por convertirme en la persona que soy hoy :)

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