lunes, 4 de junio de 2012

Demasiado...

Demasiado tiempo, demasiados malos momentos, demasiadas experiencias, demasiadas esperanzas, demasiados sueños, demasiado de todo... Y mi corazón llora por todo aquello que se ha roto, por las decepciones insoportables que no entiendo y seguiré sin entender durante mucho tiempo, mientras por mis mejillas corren lágrimas que no puedo evitar dejar caer al comprender que estoy sola ante el mundo, que todos lo estamos y que debemos afrontarlo, con todos los problemas y cargas, muchas veces pesados para algunos y para otros más ligeros de lo que deberían ser, y con todas las injusticias contra las que debemos luchar y que tenemos que superar durante todo el camino. Pero no quiero estar sola... No puedo estarlo ahora.
Muchas veces me siento sumida en un sueño del que creo que despertaré en cualquier momento y veré las caras y oiré las voces de todos a quienes tanto echo de menos cuando lo haga...  Pero no es así. La mayor parte del tiempo todo es una pesadilla en la que no quiero vivir, pero también de la que sé que despertaré en poco tiempo. La soledad no deja de perseguirme, una y otra vez, lucho contra ella y sólo la supero cuando tú estás junto a mí... Pero vuelvo a llorar cuando te vas y, por poco tiempo que no te vaya a ver, las lágrimas vuelven a hacerme compañía en la oscuridad. Y, al final, me duermo con ellas y con todo mi entorno impregnado de ese olor a ti que me haría recordarte incluso aunque no quisiera hacerlo; pero quiero recordar tus abrazos, tus besos, tus caricias y soñar contigo de nuevo, porque eres mi único alivio para este dolor tan insoportable del que nadie más es consciente.

Y mis ojos lo gritan, mi corazón lo suplica, mi boca lo ahoga y tu inocencia te impide darte cuenta... Te necesito.

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